Hacer ejercicio puede ser parte de tu rutina diaria para mantenerte sano, o bien, para bajar esos kilos de más. No importa la manera en que lo hagas, lo emocionante es que con cada práctica que realices, poniendo en movimiento tu cuerpo, pasan muchas cosas de las que quizá tú ni te estés dando cuenta.
De hecho, desde el primer minuto tu cuerpo está experimentando una serie de comportamientos, y, a los pocos segundos de moverte, ya hay una revolución microscópica ocurriendo dentro de ti.
A continuación, compartimos lo que ocurre en tu cuerpo durante los primeros 60 segundos.
Del segundo 0 al 10 de ejercicio
Ni bien das el primer paso, tu cuerpo dice: “¡vamos!”. Los músculos, que hasta hace nada estaban en modo descanso, exigen energía de inmediato. Y como no hay tiempo que perder, el cuerpo activa su sistema exprés: una molécula llamada fosfocreatina entra en juego y ayuda a generar ATP, que es básicamente el combustible que necesitas para moverte.
Pero ojo, esta fuente de energía es como una chispa rápida: te da fuerza en esos primeros 6 a 10 segundos, ideal para esfuerzos intensos, pero no dura mucho. Por eso puedes levantar una pesa o dar un pequeño sprint sin sentirte cansado… todavía.
Del segundo 10 al 30 de ejercicio
Cuando la fosfocreatina ya no alcanza, tu cuerpo echa mano de otra fuente: la glucosa. Pero esta vez, sin usar oxígeno. Es como decirle al cuerpo: “ok, necesitamos más gasolina, pero vamos con lo que hay”.
Aquí comienza lo que se llama glucólisis anaeróbica, un proceso que genera energía bastante rápido, aunque con efectos secundarios. Uno de ellos es el famoso ácido láctico (sí, ese que muchos culpan de los dolores musculares). Pero tranquilos, el lactato no es el villano que creíamos: de hecho, el cuerpo puede reutilizarlo como combustible extra.
En esta etapa ya empiezas a respirar más rápido, tu corazón se acelera un poco, y sin darte cuenta, tu cuerpo se está preparando para entrar en modo “rendimiento”.
Del segundo 30 al 60
Aquí ya sentís el esfuerzo. El corazón bombea más fuerte, los pulmones se expanden más, y el cuerpo cambia oficialmente de marcha. Es el momento en que empieza a usar el sistema aeróbico, que necesita oxígeno para generar energía y es más eficiente para esfuerzos prolongados.
Este cambio viene acompañado de un combo bioquímico potente. Hormonas como la adrenalina, el cortisol y la dopamina se liberan en la sangre para ayudarte a mantenerte alerta, enfocado y motivado. Todo esto ocurre antes de que siquiera termines tu primer minuto de ejercicio.
Movimiento en el cerebro
Mientras tanto, el cerebro no se queda atrás. Empieza a liberar dopamina y noradrenalina, sustancias que te hacen sentir bien, con más claridad mental y energía. Por eso mucha gente dice que hacer ejercicio los “despierta” o los “pone de buen humor”. No es un mito, es pura neuroquímica.
Este pequeño “subidón” puede aparecer antes de que empieces a sudar, y es parte de lo que hace que moverse sea, para muchos, una especie de terapia natural.
Aunque no lo veas ni lo sientas, en esos 60 segundos también ocurren cambios más profundos. Tus células empiezan a activar genes relacionados con la reparación muscular y la adaptación al estrés. Las mitocondrias, esas fábricas diminutas de energía, arrancan motores para seguir alimentando el esfuerzo. Incluso la circulación sanguínea se reorganiza: menos flujo a órganos como el estómago y más a los músculos y al cerebro, que en ese momento tienen prioridad.
Un estudio de la Universidad de Copenhagen demostró que incluso una sesión muy corta de ejercicio ya modifica el funcionamiento de tus células musculares, haciéndolas más eficientes para la próxima vez.
Hiciste mucho
Y pensar que todo esto pasa en solo un minuto. 60 segundos que, por fuera, parecen nada, pero por dentro activan una coreografía perfecta de adaptación. Si sigues ejercitándote, el cuerpo mantiene ese ritmo, y con el tiempo se vuelve más fuerte, más eficiente y más resistente. Pero incluso si no haces una gran rutina, ese primer minuto ya es un regalo para tu salud.
Así que cuando te cuestiones, si vale la pena moverte solo por corto tiempo, recuerda que en menos de un minuto, tu cuerpo ya está respondiendo, agradeciendo y preparándose para más.