Por qué tu postura afecta tu estado de ánimo; ¡corrígelo!

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A veces no hace falta decir nada para que los demás noten cómo te sientes, y es que el cuerpo habla solo, con posturas como la espalda encorvada, la mirada hacia abajo y los hombros caídos. Esas posturas transmiten algo muy diferente a quien camina erguido, con la cabeza en alto y el pecho abierto. Y aunque solemos pensar que la postura es una consecuencia de las emociones, lo cierto es que también puede ser la causa.

La forma en la que te sientas, caminas o te paras puede estar influyendo más de lo que imaginas en tu estado de ánimo, tu nivel de energía e incluso en tu capacidad para concentrarte. Lo mejor es que mejorarla está al alcance de cualquiera, y los beneficios no tardan en notarse.

Cuerpo y mente

Durante mucho tiempo se creyó que el cuerpo simplemente reflejaba lo que sentíamos. Si alguien estaba triste, bajaba la cabeza. Si se sentía desanimado, se encogía. Pero hoy la ciencia confirma que esa conexión va en las dos direcciones de que así como las emociones afectan la postura, la postura también puede influir en las emociones.

Este concepto se conoce como teoría de la retroalimentación corporal (body feedback theory). Fue planteado originalmente por Charles Darwin y luego desarrollado por psicólogos como William James. La idea es que cuando el cuerpo adopta una expresión o postura que se asocia con cierto estado emocional, el cerebro recibe esa señal y puede empezar a alinearse con ella. Por eso, sonreír sin ganas puede levantar el ánimo. Y mantener una postura erguida puede hacer que te sientas más fuerte o con más seguridad.

La ciencia respalda

Uno de los estudios más conocidos sobre este tema fue realizado por Amy Cuddy, Dana Carney y Andy Yap en la Universidad de Harvard. En 2010, publicaron en Psychological Science que adoptar posturas abiertas y expansivas durante solo dos minutos —como pararse con las manos en la cintura y el pecho hacia adelante, en una «pose de poder»— podía aumentar los niveles de testosterona, reducir el cortisol (la hormona del estrés) y generar una mayor sensación de confianza.

Aunque parte de esa investigación fue debatida posteriormente por problemas de replicabilidad, estudios más recientes han seguido encontrando evidencias similares.

¿Cómo afecta la mala postura?

Pasar muchas horas frente a la computadora o al celular, con la espalda curva y el cuello tenso, no solo provoca molestias físicas. También puede tener consecuencias emocionales y mentales importantes. Especialistas en ergonomía y neuropsicología coinciden en que una mala postura:

  • Reduce la capacidad respiratoria
  • Aumenta la fatiga mental
  • Refuerza estados emocionales negativos
  • Afecta la memoria.

Cómo corregir tu postura de forma sencilla

No se necesita una transformación radical para empezar a notar cambios. Pequeños hábitos diarios pueden mejorar la postura y, con ello, el bienestar general:

  • Haz pausas activas cada hora: si estás mucho tiempo sentado, levántate un minuto, estira los brazos, mueve los hombros, gira el cuello. Ese respiro ayuda a resetear la postura.
  • Revisa tu posición al sentarte: apoya bien los pies en el suelo, con las rodillas en ángulo recto. La espalda debe estar recta y los hombros relajados. Evita cruzar las piernas por largos periodos.
  • Ajusta la altura de tus pantallas: la pantalla debe estar a la altura de los ojos. Mirar hacia abajo constantemente, como al usar el celular, puede ejercer una presión de hasta 27 kilos sobre las cervicales.
  • Camina con intención: levanta la cabeza, abre el pecho, mueve los brazos. Caminar así no solo mejora tu imagen, también mejora cómo te sientes por dentro.
  • Practica ejercicios de conciencia corporal: el yoga, el pilates o simplemente algunos minutos diarios de respiración consciente pueden ayudarte a reconectar con tu cuerpo y notar cuándo estás tenso o desalineado.

Una herramienta que puedes usar todos los días

La conexión entre cuerpo y mente no es una metáfora. Es una relación real, biológica, que influye en cómo nos sentimos, cómo pensamos y cómo enfrentamos el día. No se trata de fingir ni de forzar una sonrisa. Se trata de darle al cuerpo una oportunidad de ayudar.

Cuando te sientas apagado, estresado o inseguro, prueba con simple como enderezar la espalda, relajar los hombros y respirar profundo. Tal vez no cambie todo de inmediato, pero puede ser el primer paso para empezar a sentirte mejor.

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