¿Qué tan perjudicial es saltarse el desayuno? Esto dice la ciencia

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Te saltaste el desayuno y no pasó nada… ¿seguro? Puede que creas que no desayunar es inofensivo, pero tu cuerpo lo nota más de lo que imaginas. Desde falta de energía hasta cambios en tu estado de ánimo, no desayunar tiene efectos reales, incluso si no los sientes al instante.

Aunque la respuesta varía según cada cuerpo, rutina y contexto, lo cierto es que saltarse esta primera comida del día tiene consecuencias que van más allá de sentir un poco de hambre. De hecho, la ciencia lleva años estudiando cómo el desayuno —o su ausencia— afecta nuestra energía, concentración, metabolismo y hasta nuestro estado emocional.

Saltarse el desayuno en la mañana no es neutral

Cuando abres los ojos, tu cuerpo ya ha pasado varias horas sin recibir alimento. Durante el sueño, tu organismo sigue funcionando: tu corazón late, tu cerebro sueña, tus pulmones respiran. Y todo eso requiere energía.

Por eso, al despertar, tus niveles de glucosa —la principal fuente de energía para el cerebro— están bajos. Si no comes, tu cuerpo entra en una especie de “modo ahorro”, tratando de mantener las funciones básicas mientras busca alternativas para compensar la falta de combustible.

La Universidad de Bath, en Reino Unido, publicó un estudio en el que demostró que las personas que se saltan el desayuno tienden a tener una menor sensibilidad a la insulina durante el día, lo que significa que su cuerpo procesa el azúcar de forma menos eficiente. A largo plazo, esto puede aumentar el riesgo de desarrollar problemas como la resistencia a la insulina o la diabetes tipo 2.

¿Y qué pasa con la energía?

Si alguna vez te has sentido más irritable, disperso o cansado un día que no desayunaste, no es tu imaginación. El cerebro necesita glucosa para funcionar de manera óptima. Sin ella, las tareas cognitivas —desde tomar decisiones hasta recordar algo que te dijeron hace unos minutos— se vuelven más difíciles.

En niños y adolescentes, múltiples estudios han encontrado una relación directa entre desayunar y el rendimiento escolar. Quienes comen en la mañana tienden a tener mejor concentración, memoria y comportamiento. Pero esto no solo aplica a los más jóvenes: también en adultos, saltarse el desayuno se ha asociado con menor rendimiento laboral y mayor probabilidad de cometer errores.

El desayuno y tu estado de ánimo

Aquí viene una parte menos conocida, pero bastante interesante: tu estado de ánimo también puede verse afectado. Un estudio publicado en Physiology & Behavior mostró que las personas que se saltan el desayuno con frecuencia tienen más probabilidades de experimentar síntomas de ansiedad o depresión leve. Esto no significa que no desayunar cause depresión, pero sí que puede ser un factor que influye en cómo te sientes.

El vínculo tiene sentido si lo piensas: cuando tienes hambre, estás más irritable. Tu cuerpo está estresado, tu concentración se reduce y se activa el cortisol, la hormona del estrés. Todo eso afecta tu ánimo, aunque no siempre lo notes de forma inmediata.

¿Saltarse el desayuno ayuda a bajar de peso?

Durante mucho tiempo se creyó que no desayunar podía ser una estrategia para perder peso. Menos comida, menos calorías, ¿cierto? Pues no necesariamente.

Saltarse el desayuno puede llevarte a comer más durante el resto del día. Un estudio de la Universidad de Harvard encontró que las personas que no desayunan suelen consumir más calorías en el almuerzo y la cena, eligen opciones menos saludables y, en algunos casos, tienden a ganar más peso con el tiempo.

Además, al comer mucho de golpe después de haber estado muchas horas sin alimento, el cuerpo almacena más grasa, como medida de precaución ante lo que interpreta como una escasez. Es un mecanismo evolutivo de supervivencia, no una decisión consciente.

¿Y si no tengo hambre en la mañana?

No todas las personas despiertan con apetito, y eso también es válido. El cuerpo es sabio y no todas las rutinas son iguales. Algunas personas practican el ayuno intermitente —una estrategia alimenticia que limita las horas del día en las que se come— y les va bien.

La clave está en escuchar tu cuerpo, pero también en observar si la falta de desayuno está afectando tu energía, tu estado de ánimo o tus decisiones alimenticias posteriores. A veces no es hambre, sino costumbre. Y otras veces, el cuerpo está pidiendo una pausa digestiva.

Si decides no desayunar, lo importante es que lo hagas de forma consciente, no por descuido ni porque “no te dio tiempo”.

¿Qué tipo de desayuno es mejor?

No todos los desayunos son iguales. Un café con pan dulce no tiene el mismo impacto que un desayuno con proteína, fibra y grasas saludables. Lo ideal es buscar una combinación que te mantenga saciado, estable en energía y que no dispare tu glucosa.

Algunas opciones recomendadas:

  • Avena con fruta y nueces
  • Huevos con aguacate y pan integral
  • Yogur griego con granola natural
  • Smoothies con proteína vegetal, fruta y semillas

Lo importante no es comer mucho, sino comer bien.

Sí pasa algo

Saltarse el desayuno no es un crimen, pero tampoco es irrelevante. Tu cuerpo lo nota. Puede afectar tu energía, tu concentración, tus decisiones alimenticias y tu estado emocional. Lo más recomendable es crear una rutina que se adapte a tu vida, que te alimente de verdad y que respete los ritmos de tu cuerpo.

En un mundo acelerado donde todo parece urgente, parar a desayunar puede ser un acto de autocuidado. Una forma de decirle a tu cuerpo: “Te escucho. Aquí está tu energía para empezar el día”.

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