Tomar una siesta a mitad del día es una costumbre que muchos consideran un lujo… o una señal de pereza. Sin embargo, la ciencia nos dice otra cosa: dormir unos minutos después del almuerzo, lejos de ser una pérdida de tiempo, puede traer beneficios para nuestra salud física y mental.
Eso sí, no todas las siestas son iguales. La clave está en cuánto tiempo dormimos y en qué momento lo hacemos. Aquí te contamos lo que dicen las investigaciones más recientes sobre las siestas y cómo aprovecharlas al máximo.
¿Por qué nuestro cuerpo pide una siesta?
No es casualidad que a eso de las 2 o 3 de la tarde muchos sintamos una caída de energía. Este fenómeno tiene una base biológica, y es que nuestro cuerpo funciona según un ritmo llamado ritmo circadiano, que regula los ciclos de sueño y vigilia. Aunque la mayor caída de energía ocurre por la noche, suele haber un segundo descenso en la tarde.
Esta «ventana» natural para el descanso es la que aprovechan culturas como la española o algunas regiones de América Latina para integrar la siesta a la rutina diaria. Y aunque en muchos países modernos esta práctica se ha perdido, la ciencia confirma que nuestros cuerpos siguen pidiéndola.
Beneficios respaldados por la ciencia
Diversos estudios han demostrado que una siesta breve puede:
- Mejorar la memoria y el aprendizaje. Una investigación de la Universidad de California encontró que las personas que toman una siesta de aproximadamente 60 minutos retienen mejor la información nueva.
- Aumentar la creatividad. Dormir activa regiones cerebrales vinculadas con la resolución de problemas y la imaginación.
- Reducir el estrés y la presión arterial. Un estudio publicado en International Journal of Behavioral Medicine mostró que quienes toman siestas regularmente tienen niveles más bajos de estrés y un mejor control de la presión arterial.
- Mejorar el estado de ánimo. Incluso una siesta corta puede disminuir la irritabilidad y aumentar la sensación de bienestar.
- Incrementar el rendimiento físico. Investigaciones han encontrado que una breve siesta puede mejorar la coordinación, el tiempo de reacción y la resistencia.
¿Cuál es la duración ideal de una siesta?
Aquí es donde muchos fallan. Una siesta demasiado larga puede dejarnos aturdidos o incluso dificultar el sueño nocturno. Según los expertos, la duración ideal depende de lo que busques:
- Siesta ultra corta (10-20 minutos): ideal para recargar energía rápidamente sin entrar en fases profundas del sueño. No produce esa sensación de “cabeza pesada” al despertar.
- Siesta moderada (30 minutos): puede ofrecer beneficios para la memoria y el estado de alerta, pero hay riesgo de entrar en sueño profundo y despertarse algo desorientado.
- Siesta larga (60-90 minutos): Permite completar un ciclo completo de sueño, incluyendo fases profundas y de movimientos oculares rápidos (REM). Es excelente para procesos de aprendizaje, creatividad y recuperación emocional, pero no es recomendable si luego cuesta dormir por la noche.
En este sentido, si tienes poco tiempo y necesitas un impulso rápido, apunta a una siesta de 15-20 minutos. Si tienes más flexibilidad y estás muy cansado, una de 90 minutos puede ser revitalizante.
¿En qué momento del día es mejor tomarla?
El horario también importa. El mejor momento para una siesta suele ser entre la 1:00 p.m. y las 3:00 p.m., cuando nuestro nivel de alerta baja de manera natural.
Dormir más tarde puede interferir con el sueño nocturno, así que es buena idea evitar siestas después de las 4:00 p.m., especialmente si tienes problemas de insomnio.
Consejos para una siesta perfecta
Si quieres que tu siesta sea realmente reparadora, toma en cuenta estos tips:
- Crea un ambiente tranquilo. Busca un lugar oscuro, fresco y silencioso.
- Usa una alarma. Así evitas dormir más de lo necesario.
- Relájate antes de dormir. Escuchar música suave o practicar unas respiraciones profundas puede ayudarte a conciliar el sueño más rápido.
- Sé constante. Si tomas una siesta a la misma hora cada día, tu cuerpo se acostumbrará y la aprovecharás mejor.
¿Todo el mundo debería dormir siesta?
Aunque los beneficios son muchos, las siestas no son para todos. Algunas personas, especialmente aquellas con insomnio o trastornos del sueño, podrían experimentar más problemas si duermen durante el día.
La clave está en escuchar a tu cuerpo. Si sientes que una siesta te deja renovado y no interfiere con tu sueño nocturno, probablemente sea una buena herramienta para ti. Pero si después de una siesta te sientes más cansado o no logras dormir bien en la noche, quizás sea mejor limitar o ajustar su duración.