¿Se puede heredar el miedo? La epigenética responde

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¿Es posible sentir miedo por algo que nunca viviste y que lo puedas heredar? ¿Que tu ansiedad no venga de tu historia personal, sino de la de tus padres o abuelos? La ciencia dice que sí. Y no es metafórico: lo llaman herencia epigenética.

Durante años se pensó que solo heredábamos rasgos físicos o predisposición a enfermedades. Pero investigaciones recientes han demostrado que también podemos heredar respuestas emocionales. Es decir, un trauma vivido por una generación puede dejar huellas biológicas en las siguientes. El miedo, literalmente, puede transmitirse.

El miedo, no es psicología, es biología

En 2013, científicos de la Universidad de Emory (EE. UU.) realizaron un experimento que cambió por completo la forma en que entendemos la herencia emocional. Entrenaron a ratones para que asociaran el olor de una flor (acetofenona) con una pequeña descarga eléctrica. Tiempo después, bastaba con que los ratones olieran esa flor para que reaccionaran con miedo.

Lo sorprendente fue que los hijos y nietos de esos ratones también mostraban miedo al mismo olor, a pesar de no haber recibido nunca las descargas. Sin haber aprendido nada, sin experiencia previa. Los investigadores encontraron que ciertos genes relacionados al olfato y al miedo habían modificado su expresión y se transmitieron a través del esperma de los padres.

Ese experimento demostró que el miedo puede dejar una “marca química” en el ADN, una especie de interruptor que se enciende o se apaga dependiendo del entorno. A eso se le llama epigenética.

El trauma también se puede heredar en humanos

Este tipo de estudios no se ha quedado en el laboratorio. En humanos, los ejemplos más impactantes vienen de contextos históricos marcados por el dolor. Investigaciones con hijos de sobrevivientes del Holocausto revelaron que muchos presentaban alteraciones en los niveles de cortisol —una hormona clave en la respuesta al estrés— similares a los de sus padres.

Lo mismo se ha observado en descendientes de víctimas de la esclavitud en Estados Unidos, del conflicto armado en Ruanda, y en niños nacidos tras desastres naturales o hambrunas masivas, como la de Holanda durante la Segunda Guerra Mundial.

No es que estas personas heredaran el recuerdo del hecho, sino la reacción biológica al miedo: un sistema nervioso más sensible, una mayor predisposición a la ansiedad, a la hiperalerta, al estrés.

¿Estamos condenados a heredar el miedo?

No. Y eso es clave. El hecho de que el miedo se pueda heredar no significa que estés condenado a vivirlo para siempre.

La epigenética no es una sentencia. Así como los traumas pueden dejar huellas en los genes, también se pueden generar cambios positivos. Experiencias nuevas, ambientes seguros, relaciones sanas, terapia psicológica, autocuidado… todo eso puede ayudar a “apagar” esos interruptores del miedo.

La bióloga Rachel Yehuda, una de las principales investigadoras sobre trauma intergeneracional, lo resume así: “Podemos heredar el trauma, pero también podemos romper su ciclo. No todo está escrito en piedra”.

Cuando no sabes por qué tienes miedo

Tal vez en tu vida nunca has vivido violencia, guerra o persecución. Y, aun así, a veces te sientes en peligro. Te cuesta confiar. Tu cuerpo reacciona como si algo terrible fuera a pasar, aunque tu mente diga que todo está bien. ¿Y si ese miedo, sin explicación aparente, fuera un eco del pasado? ¿Una alerta que no nació contigo, pero que sí vive en ti?

La epigenética nos da una posible respuesta. No se trata de buscar culpables en tu árbol genealógico, sino de reconocer que a veces nuestras emociones son más antiguas que nuestras propias vivencias. Comprender esto no resuelve todo, pero puede darte una forma distinta de mirar tu historia.

¿Entonces, se puede heredar el miedo?

La ciencia apenas está comenzando a entender cómo funcionan estos procesos. Todavía no hay pruebas genéticas comerciales que “detecten” traumas heredados, y tampoco se sabe con precisión cuánto tiempo duran esos cambios epigenéticos.

Lo que sí sabemos es que el entorno importa. La forma en que vivimos, cuidamos nuestras emociones y construimos vínculos también afecta cómo se expresan nuestros genes. Y eso no solo nos transforma a nosotros, sino también a quienes vendrán después.

No estamos atrapados en la historia de nuestros antepasados. Pero sí somos parte de ella. Comprender cómo el miedo puede heredarse no es motivo para vivir con temor, sino para comenzar a sanar desde un lugar más consciente, más humano.

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