¿Sabías que tus intestinos tienen «memoria»?; esto se sabe

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Tus intestinos tienen memoria. Sí, leíste bien. Aunque por años hayamos creído que recordar era tarea exclusiva del cerebro, la ciencia ha descubierto que el sistema digestivo también guarda sus propias huellas, aprende, reacciona y hasta “recuerda” experiencias pasadas. No es poesía: es biología.

Esto no significa que tus intestinos sepan cuándo es tu cumpleaños o que puedan recitarte una lista de exes, pero sí implica que reaccionan según experiencias previas, emociones, alimentos y hasta traumas. Lo que le pasa a tu cuerpo —y a tu mente— se queda registrado ahí dentro, en una red de neuronas, bacterias y células inmunes que hacen mucho más que digerir lo que comes.

El “segundo cerebro” que piensa desde el estómago

En tu abdomen vive una red de más de 100 millones de neuronas conocida como el sistema nervioso entérico. Es tan complejo y autónomo que muchos científicos lo llaman el “segundo cerebro”. Esta red no solo controla los movimientos intestinales o la secreción de enzimas, sino que también se comunica con tu cerebro y puede aprender de las experiencias.

Investigadores como el doctor Michael Gershon, pionero en esta área, han demostrado que los intestinos modifican su comportamiento según lo que has comido antes, cómo te sentiste en ese momento o incluso si pasaste por una experiencia estresante. Es como si tu aparato digestivo dijera: esto ya lo viví, y no me gustó, y ajustara su respuesta.

Por eso a veces, tras una intoxicación, desarrollas una intolerancia que antes no tenías. O por qué en momentos de mucho estrés, tu estómago responde antes que tú: con diarrea, inflamación o ese nudo tan difícil de ignorar.

La microbiota también recuerda

No estás solo ahí dentro. En tu intestino viven billones de bacterias que forman la microbiota, ese ecosistema invisible que participa en todo: desde la digestión hasta tu estado de ánimo. Y ellas también tienen “memoria”.

Estudios han demostrado que ciertos patrones bacterianos se mantienen durante años, incluso si cambias de dieta o de país. Esos patrones influyen en cómo reacciona tu cuerpo a infecciones, a la comida e incluso a tus emociones.

Un artículo en Nature Neuroscience (2017) reveló que algunas bacterias pueden modificar la producción de neurotransmisores clave como la serotonina o el GABA, que están directamente ligados a la ansiedad, el sueño y la felicidad. Es decir, cuando cuidas tu microbiota, no solo estás cuidando tu barriga: también estás cuidando tu mente.

El sistema inmunológico no olvida

Cerca del 70% de tus células inmunitarias están en el intestino. ¿Por qué? Porque es una zona de alto tráfico: cada bocado que das trae consigo posibles amenazas que tu cuerpo debe evaluar. Y cuando detecta un enemigo, aprende de él.

Así como las vacunas enseñan a tu cuerpo a defenderse de virus, los intestinos hacen lo mismo con cada patógeno que pasa. Registran, recuerdan y actúan más rápido si vuelve a aparecer. Es un tipo de memoria inmunológica que trabaja 24/7, muchas veces sin que te des cuenta.

Emociones que dejan huella

La conexión entre lo que sientes y lo que pasa en tus intestinos es tan real como los nervios antes de una entrevista o esa indigestión que te da en medio del estrés. Investigaciones del Weizmann Institute of Science en Israel han mostrado que experiencias traumáticas pueden alterar por años la composición de la microbiota, afectando tanto tu sistema inmune como tu equilibrio emocional.

Y no se queda ahí. Un estudio de la Universidad de Columbia (2020) encontró que personas con antecedentes de ansiedad o trauma infantil tienen más probabilidades de desarrollar enfermedades intestinales como colitis ulcerosa o Crohn. Lo que vivimos también se manifiesta en el cuerpo, y muchas veces, comienza en el abdomen.

¿Qué hacer con esta información?

Lo primero que se debe de hacer es entender que tu intestino no es solo una fábrica de digestión. Es un órgano sensible, inteligente, interconectado. Y que cuidarlo va mucho más allá de evitar comida chatarra. Tiene que ver con dormir bien, manejar el estrés, cuidar tus emociones, moverte, nutrirte y respetar tus tiempos.

También significa que quizá haya más sabiduría en ese “presentimiento en el estómago” de la que pensábamos. Porque tu intestino no es irracional ni exagerado: simplemente está recordando algo que ya vivió.

El cuerpo guarda lo que la mente a veces olvida

La ciencia nos lo confirma que lo que comemos, lo que sentimos y lo que vivimos deja marca. No solo en la mente, sino en el intestino. Así que la próxima vez que algo “te revuelva las tripas”, no lo subestimes. Puede que tu cuerpo te esté contando algo que tu cabeza aún no ha procesado.

Cuidar tus intestinos no es una moda ni una exageración. Se trata de respetar ese delicado equilibrio entre el cuerpo y la mente. Y, sobre todo, de entender que todo está conectado. Porque sí: los intestinos recuerdan. Y mucho más de lo que imaginas.

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