Cuando lo fácil se vuelve costoso: la trampa del “compre ahora, pague después”

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Hay frases que parecen diseñadas para tentarnos justo cuando más lo necesitamos y el “compre ahora, pague después” es una de ellas. Aparece en la pantalla cuando compramos en línea o la vemos destacada en vitrinas de tiendas físicas, como una solución inmediata para darnos un gusto sin afectar demasiado el bolsillo… al menos en el momento.

Lo que no siempre se dice es que, detrás de esa aparente facilidad, puede esconderse una trampa financiera que muchas personas descubren cuando ya es demasiado tarde.

La seducción de lo inmediato

Gisella, una comunicadora social de 28 años, recuerda que todo comenzó con compras pequeñas. “Un par de zapatos, una cartera, luego un reloj que tenía meses queriendo”, compartió. Con el paso del tiempo, esa práctica que parecía inofensiva se volvió una costumbre. “Un día compré una laptop con pagos diferidos. No sentí que fuera un gasto tan grande porque no lo pagaba todo de una vez. Pero luego me di cuenta de que tenía cinco compromisos mensuales activos al mismo tiempo. Y el total ya no era tan manejable”.

Lo que vivió Gisella no es un caso aislado. Este tipo de sistemas, conocidos como Buy Now, Pay Later (BNPL) o “compre ahora, pague después”, han ganado fuerza en América Latina en los últimos años. Se presentan como una alternativa más amigable que las tarjetas de crédito: no exigen historial bancario, no hay intereses inmediatos y el proceso de aprobación es rápido y simple. A primera vista, todo suena conveniente.

Sin embargo, lo que muchos consumidores no alcanzan a percibir en ese primer clic es que esta modalidad puede convertirse en un camino silencioso hacia el sobreendeudamiento.

La trampa de la falsa comodidad: «compre ahora»

Uno de los mayores peligros del BNPL es que juega con nuestra percepción del dinero. Al no ver el gasto completo reflejado en el momento, tendemos a creer que estamos gastando menos de lo que realmente estamos comprometiendo. Así, cuando acumulamos varias compras en esta modalidad, los pagos se acumulan sin que lo notemos, y de pronto ese “pequeño” gasto se transforma en una carga pesada.

“La gente piensa que tiene el control porque los montos mensuales son bajos. Pero no toman en cuenta imprevistos, cambios en el ingreso o el simple hecho de que nuestro presupuesto tiene un límite”, explica Carmen Villatoro, especialista en educación financiera. Para ella, el principal riesgo está en que estas plataformas crean una ilusión de poder adquisitivo que no siempre es real.

Además, no todos leen con atención los términos del acuerdo. Muchas de estas empresas aplican intereses o cargos por mora si no se paga a tiempo. Y en algunos casos, las penalizaciones superan incluso las que cobran los bancos por retrasos en tarjetas de crédito.

De lo insignificante a lo preocupante

Una característica preocupante del BNPL es que no se percibe como deuda en el sentido tradicional. A diferencia de un préstamo bancario, que implica un análisis más riguroso y un contrato formal, este modelo es tan accesible que muchas personas lo usan sin considerar las consecuencias.

Esto lleva a decisiones impulsivas. “Cuando todo está a solo un clic de distancia, y no tienes que desembolsar nada hoy, es muy fácil caer en el deseo inmediato, sin pensar si realmente puedes costearlo”, dice Villatoro.

José, un joven emprendedor, lo vivió en carne propia. Usó esta modalidad para comprar equipos para su pequeño negocio. Al principio todo iba bien, pero cuando las ventas bajaron, no logró cumplir con los pagos. “Me confié. Pensé que era una salida inteligente. Pero los recargos comenzaron a acumularse y terminé pagando casi el doble de lo que había planeado”.

Historias como la de José son cada vez más comunes, especialmente entre jóvenes adultos que aún no han desarrollado hábitos financieros sólidos y que, además, enfrentan la presión de una economía incierta.

Tendencia «compre ahora, pague después» en crecimiento

La popularidad del BNPL creció exponencialmente con la digitalización del consumo durante la pandemia. Empresas como Klarna, Afterpay, y en América Latina Aplazo o Kueski Pay, se expandieron rápidamente, captando a un público que buscaba soluciones inmediatas en momentos de crisis económica.

Y aunque es cierto que para algunas personas este tipo de servicios han representado un respiro en momentos difíciles, también han abierto la puerta a dinámicas peligrosas: gasto desmedido, poca planificación y estrés financiero.

¿Cómo evitar caer en esta trampa?

La mejor defensa sigue siendo la educación financiera. Antes de utilizar un servicio de “compre ahora, pague después”, es necesario hacerse preguntas como: ¿Realmente necesito esto ahora? ¿Puedo asumir ese pago sin comprometer otras obligaciones? ¿Qué pasa si mi situación cambia en los próximos meses?

También es crucial leer las letras pequeñas. Algunos servicios anuncian que no hay intereses, pero aplican penalizaciones severas si te atrasas, e incluso pueden compartir tu historial con burós de crédito.

Llevar un control de todas las compras bajo este modelo también es recomendable. Lo que no se mide, no se controla. Y cuando el dinero sale en pequeñas dosis que parecen inofensivas, es muy fácil perder la cuenta.

Villatoro propone una regla simple y poderosa: si no puedes pagarlo hoy en efectivo, probablemente no deberías comprarlo con pagos diferidos. Porque la facilidad del momento no debería nublar nuestra capacidad de decidir con prudencia.

Decidir con conciencia

El BNPL no es malo en sí mismo. Es, como cualquier herramienta financiera, una opción que puede ser útil si se maneja con responsabilidad. Pero su gran riesgo es que resulta demasiado fácil de usar, especialmente en una época en la que la gratificación instantánea parece la norma.

Lo importante no es rechazar completamente este modelo, sino entenderlo a fondo. Saber cuándo conviene y cuándo no. Reconocer que, detrás de lo que parece una puerta abierta a la comodidad, puede haber un camino lleno de compromisos ocultos.

Y, sobre todo, recordar que nada es verdaderamente gratis. Lo que hoy se siente como una solución rápida, mañana puede convertirse en una carga difícil de sostener. Por eso, antes de hacer clic en ese botón tan atractivo que dice “pagar después”, conviene detenerse un momento, respirar hondo y preguntarse si ese deseo vale el costo real que podría tener.

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